Muy Lejos

En un despiste de su amo, el monstruo, saltándose todas las prohibiciones, volvió a entrar. Se sentía atraído por ese aura de intimidad y misterio que sólo en el despacho de su amo podía encontrar. Algo que no estaba allí en otras ocasiones le llamó la atención nada más cruzar la puerta, algo nuevo, ahí, en el suntuoso escritorio.


Se trataba de un sobre de agradable color violeta y su correspondiente carta desplegada. El monstruo cogió el sobre y se lo acercó a la cara. Le sorprendió el olor que desprendía. Aspiró profundamente aquel aroma y tuvo una sensación de ligero vértigo.



Se aproximó a la carta sin atreverse a tocarla. No sabía leer, pero no lo lamentó. Le bastó ver la curva, el cuerpo de las letras, y la forma grácil en que se unían formando palabras y frases, para saber que en aquellas líneas había comprensión, amor y algo de pasión. La contempló largamente con cierta tristeza, sabía que él jamás recibiría una carta como aquella y, lo que le dolió más, que él nunca sería capaz de expresar sentimientos parecidos aunque fuera con garabatos.

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~ por Conde Orlok en 8 octubre 2006.

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